Sardines, excel·lent valor alimentari

Camba dijo “una sardina, solo una, se todo el mar”. Recomendaba nunca comer carezco de una docena. Pero parece que esta especie casi no tiene población actualmente en España. La única opción de recuperación, según el CIEM (Consejo Internacional para la Exploración del Mar) es la prohibición absoluta de pesca durante un tiempo.

 

La sardina es un pescado azul, que llega a tener un 10% de grasa, muy rica en ácidos grasos omega 3 con una importante incidencia en el metabolismo lipídico porque ayudan a disminuir el nivel de colesterol malo y de triglicéridos, en cuanto que favorecen la formación del colesterol bueno y actúan disminuyendo el riesgo de formación de ateromas y por lo tanto de trombosis y otros episodios cardiovasculares

Las sardinas excelente valor alimentario, cómo hemos visto pero además, son una fuente de aminoácidos esenciales, en vitaminas del grupo B y cantidades significativas de las liposolubles A, D y @E. Los minerales más abundantes en este pescado son hierro, fósforo, potasio, magnesio, calcio, zinc y yodo.

Si en fresco un sardina contiene aproximadamente 50 mg de calcio por cada 100 gramos de peso, cuando está enlatada con la espina puede contener de 200 a 250 mg, el que significa que una lata de sardinas tiene más calcio asimilable que cualquier fuente medicamentosa. A esto hay que añadir la favorable conjunción de los ácidos grasos poliinsaturados de la sardina, con el oleico monoinsaturado cuando el aceite es de oliva, el que significa que sus efectos cardiovasculares son claramente favorables. El mayor inconveniente que presenta la sardina para la salud, fresca, en salazón o enlatada, se limita a sus efectos en los pacientes de hiperuricemia o gota, dado su contenido en purinas, que en el organismo se transforman en ácido úrico.